¿Por qué la gente ama el Post Mortem de Dillom? – .

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Foto: Maximiliano Luna

Cruzo Lacroze hasta el 3700, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Un par de adolescentes caminan con camisetas blancas manchadas de rojo. Toda la gente que me encuentro que muy obviamente acaba de salir del desfile de Dillom en Vorterix, (que terminó hace 15 minutos según me cuentan 3 chicas de 18 años reunidas en la zona) no llevan el uniforme decretado por el artista en su redes sociales. Pero si lo hicieran, estoy seguro de que sería totalmente espectacular. Jóvenes fingiendo estar cubiertos de sangre merodeaban las calles de Chacarita el año que la pandemia nos permitió volver a salir. La idea es genial, la gente es tímida.

En cualquier caso, si hay dos cosas que no faltan en el Post Mortem de Dillom, la primera es la espectacularidad. La segunda es la audacia. Nada más llegar e incluso antes de entrar en el teatro, encontrarás una puesta en escena cuidadosamente pensada para convertir el recital en una experiencia única que va más allá de la mera música.

Apoyado en el coche fúnebre que está aparcado en la puerta -que, sin duda, todo el mundo reconoce como parte de la actuación-, soy testigo de primera mano de cómo el grupo de espera de unas 50 personas se arroja sobre el músico cuando éste sale a saludar, con una seguridad equipo ordenando rápidamente a la multitud de una manera educada pero eficiente.

“¡Ponte en fila y deja de acosarlo, porque es un humano!” grita uno de los fans. Es 2022. El estatus de estrella, los privilegios y los inconvenientes de la exposición, los límites de lo que consideramos violento y lo que no lo es, se debaten constantemente. Pero además de que hay un gran sector de jóvenes que son muy conscientes de que quizás tirarse encima de otro ser humano sin pedir permiso puede no ser tan bueno -por mucho cariño que le tengamos o por mucho que tenga nos muestran de su intimidad-, lo que ocurre con el chico de 21 años que acaba de presentar un primer disco en su ciudad natal es que -pura y llanamente- es un compañero para el siguiente público.

“La primera vez que lo vi en vivo fue en una pizzería de Palermo, en 2019. Apenas empezaba. Es increíble la cantidad de gente que hay hoy”, Shari, que también tiene 21 años y dice ser una de las primeras fans de Rip Gang, el grupo musical del que es estrella de la noche, fundadores del sello Groove Bohemian.

Hoy, no solo Dillom, sino todos los miembros de Rip (III Quentin, Die Joven, Broke Carrey, Saramalacara, Taichu, Odd Mami y Kuribo) tienen una base de seguidores muy fuerte y leal que conoce y defiende su trabajo. Ver cómo el grupo se consolidaba y ganaba espacio en el escenario a base de trabajo persistente e insistencia en mantener estilos originales generó una mística particular para este grupo de artistas. Esta mezcla de cercanía y admiración es el motor de un vínculo muy fuerte que adquiere aún más fuerza por el hecho de que se ha mantenido en el contexto de una pausa total en los encuentros presenciales, debido al aislamiento por la pandemia. No son pocos los participantes que conocieron al protagonista de la noche en fiestas, escapadas y bares.

Foto: Maximiliano Luna

“Es un grupo que no hemos visto. Lo conocimos en 2019 en la primera parte de un concierto de Paco Amoroso y Ca7riel. Verlo aquí, en su primer show, después de tanto tiempo siguiendo a todo el Rip, es mucho. Estamos en shock, no pensábamos que íbamos a poder hacernos una foto con él”, me cuenta una chica de 19 años que acaba de salir del tumulto para celebrar el saludo con Dillom con sus amigas. “Me estoy muriendo, estoy temblando”, dijo otro, “es el amor de una persona, siempre fue lo mismo”.

Cuando le pregunto qué es lo que más le gusta del músico -al que no me atrevo a llamar “rapero”, porque creo que la palabra, a estas alturas, se le queda pequeña-, la respuesta siempre se refiere a la honestidad de sus palabras y la autenticidad de su forma de ser. “Me gusta porque quiero una banda. A mí me pasa, con otros artistas no pasa tanto. Creo que es muy buena onda y por eso hace canciones geniales”. “Me tocan mucho sus palabras, lo que más me gusta es el poco cuidado que tienen”. “Siento que todo lo que habla en su música viene de su corazón. Su mensaje llega mucho, porque es real”.

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Shari me muestra el tatuaje que se hizo, haciendo referencia a su canción favorita del álbum, 220. “Dice que sabe mucho más sobre el dolor que sobre el amor, y pensé para mis adentros. Realmente me identifico con eso”. En Twitter subió una foto de cuando pudo mostrársela al autor de la canción. Dillom respondió desde su cuenta oficial con emojis de llanto y corazones negros.

La cercanía y la admiración hacen que el espectáculo se llene de tráfico sensible y se torne, por momentos, muy emotivo. La puesta en escena que acompaña esta emoción desde todos los lados y todos los idiomas es también una de las cosas que más atrae a este heterogéneo y exultante público. “La estética, la puesta en escena, la salida, todo el arte, el maquillaje, el vestuario, eso es lo que más me gusta del espectáculo que hace”, confirma Patricio, de 22 años. Junto con el coche fúnebre que descansa sobre la puerta de Vorterix, dentro hay una mesa funeraria, con fotos cuidadosamente seleccionadas de la historia de Dillom, flores y velas. Los sellos circulan con su rostro. El día anterior al comienzo del espectáculo suena música coral sacra, que nos salva de olvidar que estamos asistiendo a una ceremonia de alianza con el fin de las cosas, pero también con la trascendencia.

Muchas personas afirman no saber nada sobre Post Mortem. “Los artistas de hoy no hacen discos así. Me sorprendió mucho, nunca había escuchado un disco tan conceptual, en el que todo está enlazado”, me cuenta Shari. Un poco más tarde, Victoria, de 24 años, dijo algo similar: “Hay artistas que acompañan la música con su estética y su imagen, pero está muy bien pensado y detallado. Cada tema tiene su propia impronta. Hay una revisión detrás de eso”. Amelia, de 19 años, me dice que si pudiera decirle algo al perro de la autopsia, le diría que lo que está haciendo significa un cambio para toda la escena musical argentina, y que el concepto que ha creado es genial.

Desde su presentación en Lollapalooza el pasado 21 de marzo, los ojos de todos han estado puestos en Dillom y su arriesgada y contundente propuesta. Sin embargo, para quienes ya habían descubierto su obra y reconocían en él un trabajo honesto y refinado, el encuentro con el espectáculo que él y su equipo montaron para la exposición Post Mortem es una experiencia inolvidable.

Creo que lo que se revela en la fiesta a la que nos invita Dillom (esa fiesta que cuestiona la muerte, pero también la posibilidad de trascender a través del arte), es que una gran cantidad de jóvenes logran reencontrarse en vivo y en vivo –o incluso, en algunos casos, por primera vez, con artistas de su edad que sintetizan los sentimientos de la época y los despliegan en contextos de complicidad, placer y conexión emocional. Si esto se hace más evidente en la propuesta que llega del integrante de Rip Gang y su formidable equipo es porque combina honestidad emocional, solidez conceptual, integración de varias disciplinas y una actitud depurada y transparente, sólo posible para aquellos que quien no se deja llevar por nada que venga de la mano de una popularidad desmedida.

Es realmente un placer muy emocionante estar allí para verlo.

Por qué gente ama Post Mortem Dillom

 
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