disputa por el territorio, disputa por el sentido – .

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La reunión convocada por la Asociación de Jueces Federales de Argentina en la ciudad de Rosario, y dirigida por los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, causó una singular repercusión, sobre todo porque la agenda de los debates se centró en aristas muy complejas. relacionados con el papel del poder judicial contra el narcotráfico.

En efecto, han estado circulando falsos mensajes y alertas de todo tipo exigiendo pronunciamientos de las autoridades encaminados a un llamado concienzudo a la rendición de cuentas.

No debe pasarse por alto que este intercambio se dio en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario, es decir, en un escenario donde la construcción de saberes jurídicos se hace a diario. Tampoco debemos minimizar el hecho de que esta semana el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Rosario emitió un fuerte comunicado apoyando la labor de los fiscales Luis Schappa Pietra -quien también es docente en dicha universidad- y Matías Edery, quien sufrió episodios de persecución por su actuación en casos de gran impacto para los actuales ejecutivos penales de la ciudad de Rosario.

En definitiva, la academia acoge, como debe ser, una inquietud que atraviesa, sin distinción, la vida de la comunidad en la que se inscribe.

En virtud de este mandato, uno de los compromisos iniciales en la enseñanza del derecho se da al situarlo en sus vínculos íntimos con el poder. Allí solemos decir que el poder reconoce contornos mucho más oscuros que los que tiene en la realidad, es decir que tiene una dimensión “subterránea” donde se mueven los hilos de ese movimiento que, al final, resulta aprehensible. . Estos poderes, que a menudo se esconden detrás de estructuras visibles, se exhiben hoy con toda claridad, sin discreción alguna.

Por tanto, se refuerza así la idea de que el estudio del derecho requiere inevitablemente de perspectivas antiformalistas que lo sitúen y se hagan cargo de los significados en confrontación, más allá del texto de la ley. Pocas cosas se podrían aportar, ante tensiones de la magnitud de las que nos convocan, si permaneciéramos anclados en la lógica de la reproducción y la asimilación sin crítica.

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Las prácticas que nos atemorizan constituyen una serie de normas que atentan contra el ordenamiento jurídico estatal y desacreditan su elemento distintivo: la fuerza. En suma, el derecho producido por actores legítimamente dotados de autoridad coexiste con reglas basadas en la coerción, pero que emergen de otros centros de poder. En este último dominio no hay lugar para la deliberación, ni para los límites, no es posible notar sujeción, sólo ferocidad.

El hecho de que esta detección entre en las aulas no la legitima ni contribuye a perpetuarla, es parte de un ejercicio realista, de una verdadera descripción del derecho como producto histórico, fruto de innumerables tensiones encarnadas por muy diversos sujetos.

La academia es el ambiente más sano para tomar las riendas de este desafío, porque allí reina la pluralidad, porque nos escuchamos, porque coincidimos en la idoneidad del desencuentro restante.

En suma, los poderes salvajes –retomando el título de una obra de Ferrajoli– no serán amansados ​​por la imposición de saberes jurídicos, pero conocerlos, someterlos a análisis presupone la conciencia de que toda disputa por el territorio es una disputa de sentido. . Y este significado no se configura ni se legitima en la soledad.

*Maestría en Estado Global de Derecho y Democracia Constitucional Profesor e investigador de la Facultad de Derecho de la UNR.

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